Por Hermana Lusia Lipat, SSpS

Del 5 al 31 de enero de 2026, tuve la gracia de participar de la Formación Itinerante para Formadores de las Congregaciones Religiosas organizada por la CONFERPAR y realizada en la Casa de Retiro Espíritu Santo de las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, en Paraguay.
Participamos veinte religiosos y religiosas de diversas congregaciones y de once nacionalidades, todos convocados para profundizar en los procesos formativos de la vida consagrada. Para mí, fue una experiencia profundamente enriquecedora, aun cuando no ejerzo el servicio de formadora, pues me permitió comprender con mayor profundidad el camino de la formación en la vida religiosa.
Este tiempo fue un verdadero kairos de Dios, un espacio de crecimiento humano, comunitario y espiritual que tocó profundamente mi vida y mi vocación.
Un camino de autoconocimiento y sanación interior
En la primera semana, acompañados por el Hno. Miguel Córdova CB, trabajamos el autoconocimiento personal y la convivencia con personas difíciles en la vida comunitaria. Este proceso me ayudó a reconocer mis propias cegueras, límites y cargas interiores y, a comprender que muchas veces llevamos pesos que no nos corresponden.
Descubrí que conocerse, aceptarse y crecer interiormente es un camino necesario para vivir la fraternidad y para servir mejor en la comunidad.

La vida comunitaria como experiencia trinitaria
En la segunda semana, guiados por Fr Francisco José Rodríguez Fassio OP, profundizamos en la vida comunitaria a la luz de la comunión de la Santísima Trinidad. Comprendí que la comunidad es el corazón de la vida consagrada y el primer espacio donde se testimonia a Dios.
Sus palabras resonaron con fuerza en mí: “No se puede compartir lo que no se tiene” y, “Todo nos lo jugamos en las relaciones; cuanto más humanos somos, más cerca estamos de Dios”. La reflexión del Evangelio de Juan 17, nos invitó a vivir la unidad como signo profético en la Iglesia y en el mundo.
Relaciones sanas y escucha profunda
La tercera semana, con la Hna. Selva Encina y el Prof. Fabio Servín…, reflexionamos sobre las relaciones cotidianas, la escucha y la realidad del abuso. Fue un espacio de mucha conciencia y responsabilidad que me ayudó a valorar la escucha como un acto profundamente espiritual y a reconocer la importancia de construir relaciones sanas, seguras y respetuosas.
Hacer vida la Palabra
En la cuarta semana, con el Fr. Edgar A. Toledo Ledezma OP, profundizamos en cómo hacer vida la Palabra de Dios, que es Jesucristo mismo, integrando todo lo vivido en nuestra vida personal, comunitaria y apostólica. Comprendí que la formación, en cualquiera de sus niveles, es un camino de encarnación de la Palabra en la vida concreta.

Una experiencia orante de sanación: el camino de Bartimeo
En medio de este proceso, viví una experiencia orante muy profunda durante la meditación del pasaje de Bartimeo (Mc 10,46-52). En la oración, experimenté que caminaba por el mismo camino donde estuvo Bartimeo y por donde pasaba Jesús. Sentí que el Señor se acercaba a mí, me ayudaba a reconocer mi manto viejo y mis cegueras interiores, mis miedos y limitaciones y, me invitaba a quitarlos.
En una experiencia muy viva, sentí que Jesús me colocaba un manto nuevo y me permitía contemplar una luz blanca, suave y profunda, como nunca antes había visto. En esa luz experimenté la sanación de mi vida espiritual y también la curación de un dolor físico en la espalda. Fue un encuentro de misericordia y sanación integral que marcó profundamente mi camino vocacional.
Como Bartimeo, sentí el llamado a levantarme, dejar lo viejo y seguir a Jesús con una mirada renovada.
Un camino de renovación vocacional
Esta formación itinerante fue para mí un verdadero proceso pascual: pasar de la ceguera a la luz, del peso al manto nuevo, del miedo a la confianza. Renovó mi vocación y fortaleció mi deseo de seguir creciendo en la vida consagrada y comunitaria. Agradezco profundamente a la CONFERPAR, a los formadores y a todos los hermanos y hermanas que compartieron este camino conmigo. Sobre todo, agradezco a Dios por este tiempo de gracia, que me impulsa a seguir caminando tras Jesús y a testimoniar que Él sigue pasando por nuestros caminos y sanando a quienes claman con fe.
